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domingo, 11 de mayo de 2014

El pantano de Almansa.

Salida larga y rodadora que, sin grandes pretensiones, consigue calmar las ansias y templar los nervios de quien la completa. Se diría que no cansa, pero amansa. El trayecto de ida atraviesa la Fuente del Pinar, los Altos de Jódar y los alrededores del pantano de Almansa. Tres atractivos parajes naturales que rompen la supuesta monotonía de la ruta. El paseo por el borde del pantano siempre es interesante; raro es que no levante el vuelo algún ave acuática y pedalear por la orilla siempre es divertido. La vuelta, laberíntica a ratos, se ameniza con las paradas obligadas en los búnkeres del Sopaigón y la Fuente de los rosales. La travesía de Tobarrillas garantiza la diversión y, llegando con tiempo como ayer, la vuelta por la Loma Valentejos es la mejor opción. Una ruta apropiada para preparar la próxima e inminente III Vuelta al Término de Yecla en BTT.

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domingo, 27 de abril de 2014

Otra manera de llegar al Calderoncillo

Calderón-Calderoncillo era sinónimo de etapa pistera, cómoda, llana y un tanto insulsa. Si además hacía viento se convertía directamente en pestosa. En el intento de que ninguna ruta del Club BTT Las Liebres se pueda convertir en un mero trámite, la temporada pasada se hizo una revisión de esta clásica que la hiciese más atractiva. Esa fue la ruta del pasado sábado.

Inicio por la Umbría del Factor,  Casa del Cerro y del Madroño. Cualquier Liebre llegaría hasta aquí con los ojos vendados.  Después hacia Las Gateras Nuevas por un atractivo atajo y luego al Parador Nacional de Turismo de Las Liebres, también conocido por Casa de los Chispos. 

En la Casa Marta se inicia la travesía entre sus lomas y pinares para llegar a El Cuadrado, cruzar la autovía que conecta Yecla con Castilla la Mancha y entrar en el paraje de Las Leoncias, lejano, solitario y, quizás por ello, auténtico y bien conservado. Una trocha de ganado atraviesa los montes del Calderoncillo,  pedregosa y entretenida, hasta llegar al camino. En  el abrigo de la rambla almorzamos  al resguardo del viento. 

Sigue ahora un laberinto de caminos, buenos, malos, regulares e imposibles, del que sería difícil salir sin la ayuda del GPS .  Aparecen al fondo los molinos de los Gavilanes a cuyo alto  vamos a subir por el camino que recorre de sur a norte el lomo de la Sierra. Una subida realmente dura y  muy poco frecuentada por quedar fuera de los recorridos habituales.

 El plato final lo compone una sucesión de sendas, Gavilanes, Picarios I,  II,  III? y la Rambla de Vera. Para llegar al pueblo con buen sabor de boca.

En resumen, una etapa de transición que reune la diversión y dureza suficientes para volver a casa con la sensación de haber aprovechado bien la mañana. 

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domingo, 30 de marzo de 2014

Otro sábado provechoso.

A falta de lluvia, en lugar de ir a buscar caracoles hemos salido a tomar un poco el aire por el monte en bicicleta. Y bien que nos ha dado toda la mañana, de frente, de espalda y de costado.
Empezamos por buscar el barranco del Paraíso. Para variar salimos por el camino de la Boca del Cántaro. A continuación enlazamos un laberinto de caminos para llegar a la tendida pista que pasando por el Granillo remonta el barranco del Paraíso, abrigado del fuerte viento del noreste por la sierra de Santa Bárbara,  en esta ocasión envuelta en una espesa niebla. Coincidiendo a tramos con la Caudete Dúo Extreme llegamos a la ermita de la cumbre, que nos recibió con las puertas abiertas y nos cobijó del viento y la humedad. Una invitación imposible de rehusar en un día de perros como hacía.
La senda de bajada por el Granillo estaba en un estado inmejorable gracias a la humedad del día y los preparativos de la prueba que se estaba disputando. Seguimos disfrutando sendas en perfecto estado hasta la casa de Cirote, los Tanos y Casa Jaime. Volvimos a reponer agua en su cuidado aljibe y proseguimos ruta por la rambla del Cañizar hasta la Casa de los Aljibes.
El final, que me perdí por prudencia, discurrió al amparo de la Sierra del Cuchillo por la magnífica senda que recorre su umbría. Se debería declarar espacio de interés natural, lúdico, deportivo y paisajístico toda la Sierra y mandar las excavadoras a hacer hoyos a otra parte: el monte será de unos cuantos, pero el paisaje es de todos y protegerlo es un interés público que nuestro Ayuntamiento está obligado a defender, sin tibieza ni medidas tintas, de los especuladores, de la conserjería (sí, conserjería) de medio  ambiente,  del ministerio de industria y del Nucio del Vaticano si hiciese falta.
Acabando la mañana por la Rambla de la Decarada se completa una ruta extraordinaria que no por cercana y archiconocida  deja de ser muy recomendable y del máximo interés.
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domingo, 23 de marzo de 2014

La cara oculta del Carche.

Junto al Arabí y la Sierra de Salinas, el Carche completa el podio de las grandes cumbres razonablemente próximas a Yecla. Al menos lo suficiente para que sus ascensiones, en etapas con inicio y final en el casco urbano,  estén al alcance de cualquiera que practique regularmente el ciclismo de montaña. Y quiero aclarar que ir y volver a trabajar cada día en bici no se considera, a estos efectos, practicar regularmente el ciclismo de montaña.
Hacer cumbre en el Carche desde Yecla implica recorrer 80 km. Si se baja por las trialeras, no aptas para todos los públicos, se atajan 10, pero te dejan prácticamente fuera de los límites de la Sierra. Las rutas habituales suelen pivotar en la cumbre, con distintas opciones de subida y bajada por las pistas desde La ermita, Raspay, La Rosa o Viña P. Esta etapa de larga distancia del Club Btt Las Liebres Yecla pretende recorrer la zona de la Sierra más alejada y desconocida y alejada de nosotros, la que mira hacia el sur, Pinoso y La Pila, entre las pistas de Viña P y Raspay.
El acercamiento se realiza por la habitual ruta de la Casa de la Ermita, entrando a la Sierra por el Barranco del Saltador y siguiendo la pista, recientemente restaurada, hasta el primer refugio, junto a la Peña del Castelar. El camino se va empinando según se acerca a los límites de la Sierra hasta llegar a la Cueva de la Pólvora. La pista continúa en un agradable recorrido a media ladera que de cuando en cuando se asoma entre la vegetación hacia el valle hasta que uno de los característicos aljibes construidos hace años en muchos de los barrancos de la sierra nos advierte de que el paseo ha terminado y toca volver a esforzarse para seguir subiendo hasta la zona del Albergue de la Peña, alcanzando la pista que viene de las famosas 18 curvas, que todo el que las ha contado subiendo sabe que son 16.
 Girando a la izquierda se recorre la umbría de la sierra en dirección a Raspay con magníficas vistas hacia Pisana, Las Pansas y la Sierra de Salinas. Dejamos a un lado la pista que baja hacia la internacional pedanía yeclana, donde se acabó el presupuesto de la reparación, y seguimos por un camino deteriorado y poco transitado hasta doblar el Collado Gaspar, que da paso a la solana de la sierra. El camino se torna a partir de aquí más aéreo, o así lo parece, seguro que por perderse el abrigo de la exuberante vegetación que dejamos atrás.
En pocos kilómetros se alcanza el otro cruce de pistas y seguimos en dirección a la cumbre. A 200 metros se encuentra, a mano izquierda, la primera senda, 400 metros de bajada hasta el collado de la Cueva del Cachorro. Un buen sitio, soleado, para almorzar al abrigo del viento.

En el cruce tomamos la pista de la derecha, la que sube desde Viña P. Una rápida bajada durante 1700 metros para tomar, a izquierda, una senda mítica: la de Jaime el Barbudo, pionera de las marchas en BTT de la zona. Un kilómetro con dos tramos muy diferenciados: hasta y desde la cuerda del monte. Tendida y agradable bajada hasta doblar la cresta de la sierra con unos 300 metros finales muy erosionados con dos pasos realmente complicados que mejor no intentar si se tienen dudas.
Bajo los imponentes cortados del Crestón del Cañal hemos llegado al camino de la Solana de las Colmenas, por el que descenderemos hasta llegar a su inicio. Aquí es donde la ruta empieza de verdad.
Un pegajoso camino recorre una sucesión de pequeños collados y tierras de labor hasta el barranco de Aniso. Paralelo a éste, un camino deja paso a una senda que nos devolverá, en dura subida, a la pista del Collado de las Colmenas, por la que se continúa subiendo hasta pasar el primer y el segundo Cocón. Queda un tercero antes de alcanzar el collado,  pero antes nos vamos a desviar, a la derecha, para descender por el Barranco del Zurridor. Es éste un rincón sorprendente por su gran belleza y vegetación enclavado en la parte más árida de la sierra. La bajada empieza en camino. Pronto pasa a ser una senda, poco transitada pero ciclable, que se encaja en el fondo del barranco. Solo al final unos escalones rocosos aconsejan descabalgar unos metros antes de abandonar definitivamente el sorprendente rincón hacia la zona del Cuco de la Alberquilla. Lástima que en menos de mil metros la senda termina y volvemos a las áridas tierras de secano de la Solana de las Alberquillas.

Sin desviarnos a ver el famoso Cuco, nos disponemos a volver hacia la civilización, en dirección a Raspay procurando perder la mínima altura. Para ello hay que recorrer una sucesión de caminos, sendas y algún reciente labrado hasta una cantera abandonada que da paso al paraje de Las Solaneras por un viejo y erosionado camino que tras varios duros sube y bajas termina con las pocas fuerzas que nos quedan en la Vereda de la Solana del Carche.
Llegados aquí no nos podemos resistir a recorrer la Rambla de la Yedra, aunque sea preciso volver a adentrarse en la sierra por una de las pistas que vienen de Raspay hasta el Collado de las Colmenas, que, ahora sí, vamos a alcanzar, aunque por la vertiente opuesta a la que hemos traído toda la mañana. Es esta una subida agradable que se solventa en los repechos iniciales y se mantiene, en suave y continuo ascenso, hasta el collado. Donde, por fin, llega  la bajada definitiva y la gran diversión. 700 metros de camino estaremos en la rambla. Más de tres kilómetros de sendero limpio, rápido fácil y divertido que son la justa recompensa al esfuerzo derrochado para llegar hasta allí empeñándose en no seguir nunca el camino más fácil, aunque en estas sierras decir el menos difícil sería más correcto.
La parada en la plaza de Raspay a reponer agua es obligada. La vuelta a Yecla, por donde siempre lo hacen Las Liebres: sin tocar la carretera, saltándonos el track y el protocolo por los escalones rocosos del collado del Serral y el camino de Abanilla.

Con la excusa de siempre, buscar sendas por todos los parajes, esta ruta se aleja de las rutas habituales para descubrir rincones desconocidos para la gran mayoría. Una ruta exigente que merecerá la pena hacerla, al menos una vez, para que no te la tengan que contar.

Datos prácticos:
Distancia total: 82 km.
Ascensión acumulada: 1530 m.
Tiempo total: 5:40
IBP: 143
Análisis IBP del track grabado y depurado.
Descarga del track (GPX Wikiloc).
Descarga del eRoadbook (BTRK para TwoNav).
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miércoles, 19 de marzo de 2014

El padre de todos los cucos.

Para celebrar el día del Padre San José nos hemos regalado una ruta de las que nunca defraudan: el Cuco de los Garganchines. Yendo por los Rincones de la Fuente del Pinar y los Altos de Jódar. Volviendo por las sendas de Fuente de San Pascual, Casa de Olula, Cirote, los Tanos y Casa Jaime. Y porque no hemos querido más, que siendo el día que es no se puede llegar a las tantas y la cerveza de celebración final, a cargo del único José  del grupo (un verdadero Diablo)  no se podía  perdonar. 
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domingo, 16 de marzo de 2014

Desaparecidos en Tobarrillas

Ayer sábado, un pequeño (pero matón) grupo de Liebres partimos a las 8 hacia el norte buscando la senda de los Aragoneses para recorrer parte de las Tobarrillas yeclanas y almanseñas. Ausencias notables hubo como la de todos los miembros del club presentes esta mañana en la marcha Komokabras 2014 que se encontraban guardando ayuno de bici para dar el Do de pecho, otros circundando ínsulas allende los mares y otros viendo crecer a su familia por la capital del reino.

Llegados como ya dije a Tobarrillas por el camino de los Aragoneses, empezamos enlazando con la zona de los Cardadores. Poco después, y tras la subida de los Rincones de la Fuente el Pinar se produjo la primera de las desapariciones de la mañana. Paco Díaz y Pedro aumentan progresivamente la marcha hasta que, encendidos, desaparecen de nuestra vista. Nada ya supimos de ellos. Bueno si, pero eso vendrá después. Lo normal que suele pasar es que desaparezcan unidades del pelotón por detrás, pero ¿por delante? Tras intentar contactar vanamente con ellos, proseguimos nuestra ruta buscando la subida a la casa de los Gatos y a los Altos de Palpaya. Alli enlazamos con el cortafuegos por cuyo camino ibamos a llegar a la Torreta de Tobarrillas. Allí almorzaríamos, y almorzamos. Pero de la torreta nada supimos. Inquietante. Otra desaparición misteriosa, al menos aquí teníamos pruebas feacientes de que antes hubo algo que debío ser una torreta


Atónitos con los hechos misteriosos que estaban acaeciendo, no tuvimos más remedio que almorzar, medio al Sol medio a la sombra, y retratarnos.


  
Continuamos nuestro recorrido con dos nuevas desapariciones. Manolo y Francis también desaparecen. Eso si, previo aviso de que vuelven a casa. El resto, cruzamos la carretera. A esta hora ya se había producido otra desaparición. Esta vez era el frío el que nos abandonaba y dejaba una pre-primavera, ciclisticamente hablando, perfecta. Buscabamos la casa de Manzanera y Los Pozuelos, paraje rural agricola de imponente belleza, al menos en mi opinión. Alli seguian las "ruedas" de paja tantas veces fotografiada en salidas nocturnas por la zona. Estas no habían desaparecido. 


Llegamos a los molinos de la parte oeste a los que accedimos por la senda por la que transcurre la Vuelta al Término. Arriba tomamos la empinada senda de bajada hacia la casa de la Perdíz. Un par de bancales después, nos vimos pedaleando en dirección al Collado de la Cava para completar sus sendas de subida y bajada, tan entretenidas y limpias como siempre. Marisparza, la Colorá y los Hitos se sucedieron posteriormente. Aquí tomamos la rambla del Pulpillo que completó de incrementar el divertimento de la mañana. La Moratillas a todo trapo (un clásico) puso el colofón a otra gran mañana de bicicleta. Unas senditas inesperadas casi en el casco urbano terminaron por dejarnos sedientos. La peña taurina salió a nuestro rescate y nos suministró unos ricos y frescos litros de cerveza. Diego tuvo a bien el convidarnos y, como de bien nacidos es el ser agradecimos, nosotros se lo agradecidos encarecidamente. Feliz cumpleaños Diego. Uno de los misterios se resolvió en la mesa del bar. Paco Diaz al fin cogió el teléfono indicandonos que tanto él como Pedro habían vuelto en perfecto estado (supongo que algo más cansados) a casa, tras desorientarse por los laberínticos caminos de Tobarrillas. Todavía queda por resolver el misterio de la torreta....


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domingo, 9 de marzo de 2014

Otro sábado más. El Buey y sus aledaños

Ayer sábado, la reunión en los Leones fue multitudinaria, mezclándose en la misma ejemplares de diversas especies (liebres y mochuelos) que recorren, a lomos de sus bicicletos, los caminos y sendas de nuestro querido Altiplano. Una nueva 29er fue presentada en sociedad ya a primera hora. Lo cierto es que la epidemia de las ruedas grandes se extiende por entre la manada y pronto será difícil el encontrar una recamara de 26" entre los atavíos de los componentes del grupo.

Comenzamos nuestro pedaleo por la Ronda Norte y la calle Tejeras hasta cruzar la carretera de Jumilla e iniciar por el camino de la Fuente-Álamo hasta el desvio del cordel de la Flor. En estos primeros compases de la película ya se intuía que, o bien el rtimo del pelotón liebruno había aumentado (servidor pensaba que por el frío mañanero), o bien mi propio desacople para con el grupo me había hecho perder en parte este ritmo, algo que intentaré solventar en las próximas salidas. El caso es que la mañana comenzó fría y, como siempre que empezamos con la Flor y con la variante Komokabras que siempre diremos, los cuerpos comienzan a entrar en calor. Arriba del todo de la Flor reagrupamiento completo del numeroso grupo. Luego a todo trapo para abajo y, llegados a la Casa de lo Alto, división del grupo entre los que optamos por la ruta prevista y los que prefirieron suavizar las cuestas del Buey con un recorrido más llevadero por la Fuente del Pino. Entre estos últimos se encontraba Chirliebre que no quería desfondarse para afrontar con las mínimas garantías La Inmortal de Caudete, celebrada esta misma mañana.

Tras algunas variantes introducidas sobre el track por la zona previa a los Bujes, enfilamos hacia la subida al Buey empinada, dura, fea, aburrida. No escuche ni imaginé ni un solo buen calificativo para esta subida, parece que nos pone a todos (o casi) de acuerdo en cuanto a sus características. Ya arriba almorzamos junto al mismo molino que lo hacemos siempre y charlamos amenamente sobre bicicletas y molinos de viento. Finalizado el descansillo, nos fotografiamos.



El ánsia se apoderaba de los más técnicos ante la senda de bajada que nos aguardaba. Marcos espeta un "vamos Patro, venga".  Los menos duchos en la materia dejamos paso y admiramos la precisión, la técnica, la habilidad y la sagre fría de los número uno. Paco Díaz nos deleita con la "doma" de su nueva montura por la rocosa senda. Abajo nos agrupamos de nuevo. Diego y Pepe deciden continuar por su cuenta. El resto, allá que vamos, enlazando los caminos, los bancales y los recovecos varios que se suceden en continuo sube y baja por la zona de la Amacolla. Aquí, reconocer mi error a la hora de la planificación de la ruta, ya que seleccioné un track, el cual, casualidad que correspondía con una vez que nos confundimos al trazar esta zona. Y como el hombre es el único animal que tropieza dos veces (y las que haga falta) con la misma piedra, pues repetimos los errores de aquel ya lejano día. Solucionado el tema, tanto en la jornada del sábado como en el wikiloc, prometo revisar antes de colgarlos los track.

Alcanzamos la casa Tomás que dá inicio a la senda de subida que voltea el Buey en su zona más baja. El ritmo sigue siendo alto toda la mañana o eso me parece a mi. La bajada por la senda de la umbría está en esta ocasión más "suave" y se deja bajar tomando las precauciones necesarias. Nada que ver con el pasado verano. Tras esto subida y bajada por las sendas de la Umbría de la Pava. Un helicoptero de la benemérita pasa sobre nuestras cabezas. Imagino al piloto hablando por el talkie: ... si, si, aquí están mi comandante, los hemos localizado.... efectivamente, son los Liebres,.... si, si,... efectivamente,.... si, si, como usted me decía, estan realizando una práctica deportiva en medio natural,,.....espero su indicación para detenerles....

Llegados ya a la Rambla de Jumilla, David, Juanfran y yo nos damos cuenta de que ya no nos queda tanto odio dentro (como diría Paco Saurín), y nos volvemos, silbando verano azul, por el camino de los Quiñones para llegar al pueblo a las 12:10 con poco más de 50 Km duros e intensos. El resto supongo que terminarían la jornada con sus correspondientes cervezas en la Peña Taurina, tras atravesar la Rambla de Jumilla y los duros y técnicos repechos de los Castillarejos. 




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sábado, 1 de marzo de 2014

El Alto de Don Pedro y otras cuestas.

Pese a las advertencias de los augures climatológicos que pueblan Internet y sin temor a un cielo amenazando derrumbarse sobre nuestras cabezas, Los Liebres hemos salido esta mañana por el Camino de Sax en dirección a los confines de nuestra aldea. Una marcha tranquila ha permitido la conversación distendida, los saludos y los planes para el futuro próximo hasta la llegada a Salinas, con el paréntesis del corto ascenso al Puerto de La Harina, nada más entrar en la Comunidad Valenciana.
Veintinueve kilómetros, en su mayoría asfalto, son el peaje que se paga para acercarse al pie del monte conocido por el Alto de Don Pedro. En esta edición de la ruta pensamos que estaría bien aprovechar mejor el viaje y recorrer con más detalle la zona. Así, según bordeamos Salinas por el norte, buscamos el camino que se dirige al collado del Cabezo de Águila, uno de los que acompañan la solana de la Sierra de Salinas. Una pista que se va endureciendo según sube en un agradable recorrido entre pinos al abrigo del viento por la inmensidad de la Sierra.
 Aprovechamos el reagrupamiento para tomar algo sólido y tomamos a mano derecha un camino del monte roto y abandonado, a tramos solo una senda, fácil, agradable y divertido en plena Naturaleza.

El camino sigue en senda que no recorremos porque no tiene más salida que saltar un par de vallados accesibles. Teniendo más tiempo por delante, es del todo recomendable continuar este antiguo recorrido por la sierra que hoy interrumpen cercados "cinegéticos" de dudosa legalidad.


Abandonamos la Sierra siguiendo la estela de Marcos que baja a todo trapo con una seguridad envidiable. Un breve tramo de asfalto entre las Casas de la Fontana Alta y Baja nos lleva a la Rambla de Garrincho. Casi dos kilómetros de agradable descubrimiento. El principio, una senda que cambia constantemente de orilla y al final un lecho de grava totalmente ciclable gracias a que un alma caritativa limpió los salicornios el pasado domingo.
Tras este aperitivo enfilamos, definitivamente, la subida al Alto de Don Pedro. Una pista amplia, bastante erosionada a tramos, con tramos rectos bastante tendidos y curvas muy empinadas. Posiblemente sigue el trazado de una antigua senda de herradura que, muy ensanchada, provoca esos duros repechos. Tras el tramo más empinado acaba el camino y se inica una magnífica senda ingenieril que va ganando altura con calma, entre coscojas y pinos, hasta que no queda más remedio que tirar para arriba en serio buscando el pequeño collado del alto, tanto que ya no hay quien se aguante sobre la bici. Dejando una hita de piedras se llega por la izquierda al vertice geodésico, donde nos abrigamo, almorzamos y nos retratamos.

La bajada, por la cara este, es otro zigzagueante sendero con cerradas curvas. Llegados abajo, en la pista había división de opiniones: a unos se nos amontonaba la faena en las curvas a derechas, al punto de no poder tomarlas, y a otros les pasaba lo mismo pero con las de izquierdas. Cosas que tiene la naturaleza humana y que nada tienen que ver con tendencias políticas.
Empieza ahora ya, llegado el ecuador de la ruta, el camino de vuelta. Aunque la pista cerrada al tráfico da mucha seguridad, a la primera que hemos visto una senda, la hemos tomado. A mano derecha. Una variante del camino en subida que pone a hervir la sangre y unos dígitos en el pulsómetro que en el coche nos costarían todos los puntos del carné. De nuevo una bajada rápida por pista y llegamos a la Cañada de Don Ciro. Nada más acabar las casas sale un camino interesante hasta las casas del Hospital, ya en Pinoso, sin tocar asfalto. El viento empieza a ser patente. En campo abierto no hay escapatoria y buscamos la protección del grupo a paso tranquilo, lo que nos permite descubrir más Cucos de Lel desperdigados aquí y allá. Resulta sorprendente la extraordinaria abundancia de estas construcciones por aquella zona. ¿Será porque no pagan contribución?
Pronto llegamos a las lomas de La Centenera para encontrar el refugio en sus suaves subidas por caminos de losas entre pinares. Un par de tramos de divertidas sendas y salimos por la pista en dirección a Lel, que dejamos a derecha. A pesar del castigo que a esa altura ya llevaban nuestra piernas, no dudamos en dirigirnos hacia el Puntal de la Cueva, de nuevo en la Sierra de Salinas, por la Vereda de la Cueva, que, a la vez que sube, se desdibuja en el terreno terminando en rodada entre los últimos almendros pegados a la Sierra, verdaderos protagonistas de la mañana con el color y el olor de sus flores abiertas.

La falda de la Sierra de Salinas, desde el Puntal de la Cueva hasta el Portichuelo, es la mejor definición de un trazado rompepiernas. Las continuas subidas y bajadas han liquidado a más de uno. Así que cuando salimos por última vez de la protección del monte, se han echado en falta más fuerzas para combatir al viento que ahora sí, había arreciado y nos golpeaba con furia.
Hasta el cruce de La Balsa, un camino paralelo al asfalto que aparecía y se perdía ha servido para buscar el abrigo del terraplén de la propia carretera. Estas cosas son las que se aprenden de un gato experto como el amigo Pepe del Ramo. Llegados a la vía de servicio la única protección ha sido Paco Díaz que ha sido la punta de lanza cuya rueda y generosidad nos ha traído a Yecla completando 87 kilómetros y 1350 metros de desnivel en cinco horas de pedaleo efectivo. Para terminar, y rindiéndonos a la evidencia de que hiciésemos lo que hiciésemos íbamos a llegar tarde a casa, hemos dado cuenta de varios cubos de quintos que hoy más que nunca, de verdad de verdad, nos los habíamos ganado.
Aquí, el track, con la vuelta por el Camino de Abanilla.
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domingo, 23 de febrero de 2014

Práctica deportiva en el Medio Natural: la plaga se extiende fuera del extrajero.

El pasado sábado salimos un montón de liebres (entreténgase el lector en contarlas por si mismo) huyendo del frío, de los cazadores y de la intransigencia de nuestro Altiplano. El frío se nos pasó pronto, que, moviendo los pedales, a poco que salga el Sol, se está muy a gustito. A los cazadores los seguíamos oyendo muy de cuando en cuando y de lejos. Ahora creo que se dedican a fusilar gallináceos enamorados delante de un pelotón de escopetas apostadas por lo que las liebres estamos a salvo; de momento. Lo tercero parece que sigue igual y no se tienen noticias de que el enfermo haya experimentado mejoría alguna.
Con viento favorable abandonamos el extranjero al poco de cruzar la Rambla Tomate, camino de las Casas de Menor en la vecina Villena. Terreno llano, cuando no en bajada, cuyas únicas dificultades montañosas son, de momento, los puentes que sobrepasan el tren y la autovía.
Almendros en flor en el paraje de El Sochantre.
A partir de aquella nos vamos adentrando en el Barranco del Puerco, un bello rincón que se abre al sur abrigado de los vientos por el Monte Castellar y el Morrón. En tan privilegiado escondite, la primavera se adelanta. Los almendros, que en nuestra zona se están empezando a abrir, allí son todo un espectáculo ya en todo su esplendor.
Llegando al Collado.
No se si el paisaje tuvo parte de culpa. Parece que algunos íbamos más pendientes de las vistas que del camino. El caso es que antes de que la senda  llegase al Collado del Caldero del Cochino, tuvimos tres averías, dos de ellas tan poco usuales como la rotura de un cable y de una patilla del cambio. Sumado a un pinchazo, todo un récord. Por suerte todo se fue solucionando y, tras almorzar en el alto, en la bajada por senda hacia Cañada todas las bicis estaban en perfecto estado de revisión.
Almuerzo al abrigo de sabinas y enebros.
Al cruzar la carretera nacional nos desviamos por la zona industrial de Cañada en busca de una senda que discurre a las orilla del pueblo, evitando así que las liebres se refugiasen en los bares antes de tiempo. Tras llegar a la ermita empieza la senda que recorre la cresta de la Sierra de la Villa, tan soberbia y espectacular como siempre. Y muy limpia, cuidada y señalizada y transitada. Parece que la plaga de corremontañas, ciclistas y senderistas ha alcanzado ya a la Comunidad Valenciana. Aquí tuvimos otra avería que terminó de alterar el horario. A partir de ese momento, todo fue una contrareloj intentando salvar a toda costa la cerveza final que se veía seriamente peligrar.
Senda de la Sierra de la Villa.
Solucionados los problemas nos adentramos en el cauce del río Vinalopó. Su interminable rambla seca incluye sendas, trialeras, cañones, graveras, arenales, portales, escalones, contrafuertes de fábrica, toboganes, baches y piedras de todos los tamaños, formas y colores. También a tramos, por desgracia, la basura es la protagonista. Las autoridades de la vecina ciudad  pronto caerán en la cuenta de que la causa de esta degradación somos quienes hacemos práctica deportiva en el medio natural y se plantearán restringir el acceso. Así que no perdáis el tiempo y aprovechad ahora, que todavía está abierto, para recorrer en bici el cauce seco del Vinalopó porque vais a disfrutar lo que no os podéis imaginar.
Satisfechos e inquietos pasamos junto a la estación fantasma del Ave, recordando los acontecimientos acaecidos el año anterior en esta misma ruta. Y en compañía del viento en contra, que había anunciado su presencia con antelación, volvimos a Yecla por el Camino de Sax en una travesía que a casi todos se nos hizo larga, salvo a unos cuantos que se les hizo interminable.

Llegamos a las 1:45 y al final fui el único que se tomó la cerveza en el Pasito. El próximo sábado, habrá que tomarse dos.

Si Dios o las autoridades no lo remedian, la plaga de gente haciendo práctica deportiva en el Medio Natural alcanzará una dimensión tan descomunal que ya no habrá quien la controle. Si esto sigue así, no dejarán de cerrar bares. La desaparición del Cazadores es solo el comienzo. Los fabricantes de naipes y fichas de dominó tendrán que regular sus plantillas. Las instalaciones deportivas municipales quedarán en desuso por falta de demanda, con graves consecuencias para el personal que las atiende y las empresas que las mantienen. Se mire como se mire, una actividad en la que la gente lo pasa tan bien sin gastarse una perra no se puede consentir... (umm a ver si va a resultar que éste el verdadero problema...)

Datos finales de la ruta:
Al final, 84 km, 900 m de ascensión y un IBP de 82 sobre el track grabado.

Aquí el track planificado, válido al 100%.
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domingo, 16 de febrero de 2014

LEL Y LOS CUCOS... ¿Y LOS CUCOS...?

Mmmm, vamos a ver... como se hacía esto...., ah sí: Esta mañana, un grupo de Liebres que no hemos viajado a Carrascoy, nos hemos dado cita, como de costumbre en un sábado por la mañana, en nuestra conocida y querida Fuente de los Leones, otrora símbolo de nuestra plaza mayor.

Por el camino de Abanilla comenzamos nuestra andadura sin percatarnos de que el track iniciaba por la carretera de Pinoso, y no por el inicio del camino de los Quiñones, motivo este que hizo que Patro y Pedro no nos vieran pasar cuando esperaban "a ca Lorente". Más tarde nos alcanzarían. Pues por el Camino de Abanilla rodamos hacia el sur aprovechando una mañana climatológicamente perfecta de primavera. Aunque estamos en invierno, nadie podría pensarlo en el día de hoy y pronto empezaron a sobrarnos las bragas y demás prendas que siempre sobran cuando entramos en calor. Acometimos el collado del Serral y nos adentramos en las faldas de la Sierra de Salinas para aproximarnos a nuestro primer destino del día, Lel. 

Esta ruta, fue catalogada en su origen como etnológica por las visitas que se realizaban a los diversos y variopintos cucos que en la zona se congregan y que suponían un motivo para parar y fotografiarnos todos juntos. Hoy, se notaba que había prisa por poder realizar todo el recorrido de esta larga y ambiciosa ruta, y llegar a casa a una hora decente. Así que el paso por la zona de los cucos fue fugaz, al igual que por Lel, donde en otra ocasión almorzamos. Esta vez, los bancos de losa sobre los que reposamos nos han visto pasar mudos como no creyendose que nos fuesemos a parar. Al menos eso es lo que a mi me ha parecido. 

Cruzamos la carretera de Pinoso y nos adrentramos en una suave, aunque constante subida, en la Herrada del Carche. El rugir de mis tripas confundía  con alguna moto revolucionada por la carretera, así que Fran decidió parar por fin a almorzar junto a unos pinos cerca de Raspay, con 38 kilometrícos en el cuerpo ya. Tras el avituallamiento, Paco Sanchez (Saurín), Pepe Maestre y yo nos hemos vuelto al pueblo desde Raspay por Quitapellejos, los Cerricos y el Camino de Abanilla, a donde hemos llegado con 65 Km sobre las 12 de la mañana. Dejo que sean los protagonistas de la "madre del cordero" del día (vease Barranco del Zurrior y cuco de la Alberquilla) los que nos narren la batallita.



Continuando con el relato de Juanmi, después del almuerzo y la foto, reanudamos la marcha por una larga y tendida subida que nos llevaría de los 697 mts. de altitud a los 952 del Collado de las Cabras, pasando antes por el de las Colmenas. Subida que tomamos con calma pensando en los esfuerzos que aun nos aguardaban. Después de una corta bajada por la pista, nos adentramos en el Barranco del Zurridor, al principio por un camino que se convierte en senda posteriormente, un trayecto grandioso paisajísticamente, muy técnico en cuanto a su ciclabilidad, pero que muchas de las muy cualificadas Liebres hicieron sin poner apenas el pie en tierra, según ellos senda muy entretenida pero corta.

A la salida del barranco nos dirigimos al Cuco de la Alberquilla por sendas poco marcadas, que nos llevaron a hacer algún tramo campo a través. Parada para admirar este singular cuco, distinto en su fábrica al resto de los de la zona, y a partir de aquí comenzaron los demoledores seis kilómetros hasta Raspay, con continuos sube y bajas por caminos muy rotos, que suman la dificultad técnica al fuerte desnivel de los repechos.



 

Estas fotos, cortesía de Patro
Parada en Raspay para un rápido avituallamiento líquido en la fuente de la plaza, y nos dirigimos a Yecla por Quitapellejos. Al llegar a la carretera de la Hoya del Mollidal, el AVE se puso a toda máquina, lo que unido al ligero viento de costado, provocó que algunos vagones nos fuéramos desenganchando. Cruzamos otra vez el Collado del Serral, y en su trialera se produjo una aparatosa caída, afortunadamente en principio, sin daños físicos ni mecánicos, y a partir de aquí, ya calmados los ánimos; continuamos por el camino de Abanilla a buen ritmo, pensando en la merecida cerveza final, que debido al calor que pasamos nos supo, si cabe, más a gloria que de costumbre.
Finalmente, las caras de satisfacción que se nos quedaron a todos, delataban la gran mañana de BTT realizada.

Datos:
Distancia: 77,8 Kms.
Desnivel acumulado: 1.057 mts.
Tiempo en movimiento: 4,18 h.
IBP: 86

Diego

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sábado, 8 de febrero de 2014

En Ontur.

Esta mañana en Ontur nos han tratado tan bien como siempre. Hasta el viento se ha aliado con nosotros siendo llevadero a la ida y favorable a la vuelta. El recorrido ha sido el del año pasado: por el Madroño y las Espernalas visitando el primero de los nueve cucos de la ruta de hace dos años. El almuerzo,  de categoría en el bar El Parque. La foto de rigor bajo el toro y la vuelta por el Salero del Águila.Todo sin nonovedad, salvo la avería de Pepe que el equipo mecánico de las Liebres ha paliado con el ataor de una gavilla de sarmientos que había en un ribazos. 
Para terminar hemos hecho la senda de los huertos que conduce a la Plaza de Toros y, junto a las Liebres Fuera Pista hemos cambiado la calderilla por unas cervezas y unas risas para terminar. 
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sábado, 1 de febrero de 2014

Primer sector: El Arabí. Yendo por la rambla y volviendo por las sendas.

La etapa de este sábado iba a tener dos sectores muy diferenciados.
La jornada matinal comprendió la subida a dos cumbres del término sobre las que no se me ocurre qué decir que no sepa todo el mundo: El Arabí y Los Gavilanes.
Como solemos hacer siempre, fuimos al Arabí por el camino de Las Moratillas, que aunque lo conozca con los ojos cerrados, nunca me acuerdo de apartarme cuando se desencadena la batalla en la última rampa.
Del Pulpillo a Los Hitos, y después a La Buitrera, anduvimos en dos grupos, por la rambla o el camino, según los gustos de cada uno. La rambla, en su parte final, se hace con dificultad, pero mientras guarde cierta humedad merecerá la pena recorrerla como alternativa al camino que, siempre al final, terminamos por tomar.
Ya en el Arabí intentamos, sin lograrlo, reagrupar a las 2 liebres que faltaban. Algo pasó con los satélites y los GPS que les impidió seguir la huella marcada. Después se supo que habían quedado en casa. Allí, en un cajón, es difícil que tengan utilidad.
Desde el nuevo Corral de las Pinturas alcanzamos la escalera; tan moderna como aquél, si no más. Recorrimos la senda (la que va por por la parte baja, la de siempre) y enfilamos la subida al Cuerno por el Camino de los Militares. Para mí, la subida con mayor exigencia técnica de los contornos. El camino, ya no existe, y esperemos que a nadie se le ocurra repararlo. Está muy bien como está, cojonudamente malo. Superada la cadena del principio, empieza la primera sucesión de escalones; más empinados  según se acerca el  portillo que supera la primera cingla rocosa que pone las pulsaciones al límite y el equilibrio a prueba. Y justo cuando estás a punto de echar pie a tierra la pendiente se suaviza y te deja respirar. Así se repite hasta tres veces antes de que aparezca el primer tramo de senda realmente empinado. Lo que suceda a partir de ahora depende de cómo nos hayamos tomado los repechos anteriores. Ahora la subida te lo exige todo y sin haber guardado fuerzas antes resulta imposible completarla; al menos manteniendo la suficiente dignidad. Pero que nadie piense que ser conservador bastará para llegar hasta la cumbre sin descabalgar. Esto nada más está al alcance de muy pocos.  Antes o después, el Arabí te obliga a empujar la bici, cuando no a doblar las rodillas.

 Llegando a la cumbre solo hay bicis y un viento cortante. Las liebres se han refugiado en un abrigo desde el que contemplan la imponente exhibición de un águila real suspendida en el viento ante el paisaje. El lugar y el momento hicieron ese almuerzo en la cima más especial que de costumbre. Espero que el sentido común rija las actuales negociaciones sobre el Plan de Uso del Monte Arabí y que llegar en bici a lo más alto siga siendo una gratificante experiencia y no se convierta en delito.
Bajamos con cuidado, que la roca húmeda es traicionera. Despedimos a varios compañeros y seguimos por el Barranco de Los Muertos enlazando con la Rambla del Morteruelo. Por una avería, Paco Sánchez y las Liebres-Fuera Pistas, que iban delante, se separan del grupo sin saberlo. También sin GPS se despistan del grupo hasta salir de Los Picarios, donde nos volveríamos a reunir, ya en el final de la ruta.
Del Arabí a Los Gavilanes el terreno se nos antoja duro y pegajoso. El caso es que parece llano, pero a la altura de las Espernalas el ritmo de los de delante, sin ser exagerado, se vuelve un castigo para los de atrás. Cuesta mover la bici; te crees que vas pinchado. Lo que sucede es que estamos pagando la factura por haber subido El Arabí. El del mazo nos viene persiguiendo y las primeras víctimas empiezan a caer.
En el Pozancón otro grupo toma el camino de vuelta y el último reducto de liebres enganchadas se dirige a las cuestas de Los Gavilanes. Pepe del Ramo nos espera arriba donde, con suerte, nos volveremos a agrupar con los Fuera-Pistas que seguro que han vuelto a la huella correcta. No fue así. Bajamos la senda y tomamos el camino de vuelta por las tres sendas de Los Picarios, que se volverían a cobrar un par de víctimas. Saliendo al camino nos esperaban dos de las bicis perdidas en la Hoya Muñoz. Las otras dos nos alcanzarían por detrás llegando a la Rambla de Vera, reagrupándonos definitivamente para la cerveza final.

Una gran ruta ésta. Tan interesante resulta el camino como el destino. Lejos de los trazados anchos y bien compactados, cuando no asfaltados, se llega al Arabí para recorrerlo de un extremo a otro. La vuelta es la excusa para sendear bastantes kilómetros, que tanto bajan como suben en exigentes tramos que gastan las pocas fuerzas que van quedando. 62 km y 1150 metros de ascensión a los que hay que sumar ese plus de dureza que suponen las sendas y que nadie sabe bien cómo cuantificar.
El track aquí:

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lunes, 27 de enero de 2014

¿A los Garganchines otra vez?

Esta es la tercera visita que hago al Cuco de los Garganchines en menos de un mes.
De no haber sido por el fuerte viendo de noroeste que azotaba el sábado, habríamos puesto rumbo a Lel para repescar la fallida etapa del sábado anterior. Pero el sentido común nos aconsejó encarar el Camino de los Aragoneses, contra el viento en fila de dos, rumbo a los Rincones de la Fuente del Pinar.
El entretenido recorrido entre pinares nos lleva a Valparaíso. Desde allí el acercamiento al Cuco por su lado norte por el viejo camino sobre losas es un agradable tramo en el que nada más hay que estar pendiente del hito de piedras que señala la corta senda que conduce al Cuco; como siempre el lugar elegido para almorzar.
Después de las fotos empieza lo mejor: sendas antes y después de la Fuente de San Pascual. Camino hacia las ruinas de Casa Montalbán y sendas de ida y vuelta hacia la Casa de Olula.
Enlazamos más tarde las sendas a Casa Cirote, los Tanos y bajada a Casa Jaime, donde reponemos agua en su bien cuidado aljibe.
Al cruzar la Rambla del Cañizar nos metemos en ella y la recorremos casi tres kilómetros hasta la Casa de los Aljibes. El espíritu de las Liebres Fuera Pistas renace en sitios así y al acabar la rambla nos preguntamos por qué no se nos habría ocurrido hacerlo antes.
Para terminar de burlar al viento, que nos esperaba de camino a la Casa del Nene, llegamos a la Sierra del Cuchillo y recorrimos la senda de su umbría, acabando la mañana con la Rambla de la Decarada, con cara de satisfacción y satisfechos tras culminar una magnífica mañana de bicicleta en la que supimos tomar la ventaja al fuerte viento que, salvo en los primeros kilómetros, no nos volvió a molestar.
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lunes, 13 de enero de 2014

¿Qué pasó en Santa Ana?

Cualquiera diría que quienes completasteis la ruta del sábado todavía no habéis recuperado el resuello, pues nadie ha dicho nada de nada. Y me mata la curiosidad por saber cómo terminó la subida a las antenas y cuántas víctimas se cobró la vuelta por el camino de la Jimena.
 Este sábado la participación sí fue destacable. Hasta 18 tomamos la salida. 15 quedamos para subir al Cabezo de la Sal de La Rosa. En esta ocasión tomando la desviación por la izquierda: una pista en muy buenas condiciones, que me gustó menos que el camino de la derecha, cojonudamente malo, como son mis favoritos. La bajada es técnica a ratos y con puntos difíciles en los que si eliges mal la trazada te puedes llevar un susto. Pero en los yesos compactos que forman su firme la diversión está garantizada.
Nos reagrupamos y seguimos. Estamos en Las Casas del Puerto. No más de cuatro son, y es trabajoso encontrar la salida sin tocar la carretera. La atravesamos y en las ruinas de la venta del El Moro paramos a reponer fuerzas, que falta nos harán.


Juanmi se teme lo peor y se vuelve por su cuenta. Los catorce restantes arrancamos con ritmo cansino hacia la antenas de Santa Ana, que desde hace kilómetros presiden el horizonte entre la niebla. Observo como nadie tira del grupo y todos remolonean buscando los puestos del final. Una tensión sorda se percibe en el ambiente. Nadie dice nada, pero por miedo a que caiga el cuchillo de entre los dientes.
Muy a mi pesar, pues el espectáculo estaba, a todas luces, servido, me separé del grupo con Raúl en busca del Collado de los Frailes. Pedro y Pepe se nos unieron. Ya contaréis lo que sucedió después.
Muy buena subida a Santa Ana la de ese Collado. El inicio por caminos desemboca en una senda de buena traza y agradable, que se va endureciendo según se acerca el final. Una buena recompensa.
Enlazamos de nuevo el track y bajamos del monte por la senda marcada, limpia y rápida, con apenas dos puntos más delicados.
Perdemos a Pepe en un cruce. Pedro lo esperaba pero ni lo vio ni lo oyó, y siguió por el asfalto rumbo a Jumilla capital. Nosotros, bordeando las fábricas tomamos el camino de La Jimena que nos trajo de nuevo a la civilización, a la que llegué, con Raúl un poco harto ya de mis prisas, justo a tiempo de mojarme un poco y de preparar la comida familiar con la que celebré mi 51 cumpleaños un día antes de serlo.


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domingo, 5 de enero de 2014

Víspera de Reyes.

Han bastado un par de bicis para que dos liebres y un gato saliesen esta mañana a tomar el aire. Nunca mejor dicho, según soplaba del suroeste. Un recorrido tranquilo basado en la nocturna N01 con bastantes improvisaciones que posibilitan la luz del día.
Como se ve en las fotos el gran "Comendatore" se ha vuelto a las 26" y parece decirnos "os lo habíais creído, pardillos".
También podemos ver cómo ha quedado el pocico Lison después de arrancar la higuera que le daba sombra. Sólo queda echar un poco de hormigón impreso alrededor para que quede perfecto. Igual hacemos una colecta popular para sufragarlo.
Otra sorpresa han sido los carteles prohibiendo el paso por el camino entre las casas de las Gateras, nuevas y viejas, tan querido por todos. Son el anticipo del vallado de otro monte que, si la autoridad no lo impide, cerrará caminos y sendas que siempre estuvieron al servicio de todos para el uso y disfrute de un grupo de cazadores que se lo pueden pagar. Buena manera de fomentar la biodiversidad y la candidatura de Yecla como Tierra de Linces.
A pesar de todo, siempre es mejor salir en bici que quedarse en casa.
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sábado, 4 de enero de 2014

Para empezar el año, La Cueva.

La lluvia y el viento amenazaban con arruinarnos el día. Pero una ventana de buen tiempo nos ha permitido disfrutar de una interesante mañana de bicicleta. La poca lluvia caída a primera hora ha limpiado el polvo son llegar a hacer barro y ya no la hemos vuelto a ver en toda la mañana. Y cuando el viento ha arreciado en serio ya habíamos emprendido la vuelta, y aunque no empujaba, tampoco frenaba.
Por dar nuevo aspecto a las rutas de siempre, hemos variado en parte la ida y la vuelta. Y es que tanto o más importante que el destino, es el camino.
La Casas del Nene, Las Cebollas, Jaime, Bañón, del Sopa, Jódar, Los Pozuelos. Largo y entretenido recorrido de 37 km antes de un almuerzo en el abrigo soleado donde se encuentra la cueva que da nombre a la finca, a la que hemos llegado desde el norte hacia donde muestra su mejor imagen.
Entrar y salir de la cueva requiere andar un trato, pero es un rincón curioso de ver.
Para la vuelta, Casas del Pinochar, La Perdiz, La Colorada, Los Hitos, El Pulpillo y La Manera. Entre medidas las ramblas de los Zurridores y El Pulpillo y, tras reponer agua en el minado de La Perdiz, la senda por la que se llegaba a Marisparza.
70 km y 750 mts que han castigado las piernas más de lo que en un principio se podía esperar.

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