viernes, 17 de junio de 2016

Otra vez de estreno

Nocturna llana, larga y de contrastes. Al recién reparado camino de las artesillas sigue el camino "cojonudamente malo" hasta la Toconera. Allí las máquinas han desgraciado todos los caminos, que han quedado tan lisos como planchados por un sastre. Tras saludar a los segadores nocturnos nos dirigirnos a la Acequia del Rey, donde la vegetación característica de las salinas amenaza con cerramos el paso. La vuelta por la Vía Verde, con parada en el apeadero de Elm Street, no se ha cobrado esta vez ninguna víctima y a las 11:45 estábamos de vuelta con 45 km en las piernas y las pestañas llenas de polvo.
Buen estreno para la bici nueva de Salva.
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miércoles, 8 de junio de 2016

Un año, un mes y un día.

CRÓNICA DE LA V VUELTA AL TÉRMINO DE YECLA EN BTT.

Dicho así, para cualquiera puede parecer una condena. En realidad, para mí es recordatorio de una fecha muy señalada. Es el tiempo transcurrido entre aquel fatídico 3 de mayo de 2015 y el 4 de junio de 2016: la celebración de la V Vuelta al Término de Yecla en BTT. Entre ambos, un largo paréntesis.
Como casi todos sabéis, los indescriptibles tres días de mi travesía lebruna por los Calares del Mundo y de la Sima terminaron aquel domingo 3 de mayo en una desgraciada caída con las peores consecuencia. Un golpe contra el suelo tan seco que no llegó a rasgarse el culotte, y la certeza desde el primer instante de que me había roto la pierna. El instinto me obligaba a no intentar ningún movimiento, y esa actitud pudo evitarme consecuencias peores.
Desde el primer momento hasta hoy solo puedo decir que nunca he dejado de tener la ayuda desinteresada de todos:
De mis compañeros de ruta aquel día, Andrés, Paco, Pedro, Marcos, Patro y José Antonio no perdieron ni un segundo en pedir ayuda y a los que les estropeé el final de la ruta y la comida, que todavía os la debo. Las llamadas al 112 se cortaban y Patro se desesperaba repitiendo de nuevo la situación a una operadora tras otra.
De la médico y la enfermera de guardia en Riópar, que me prestaron los primeros auxilios; con calmantes, controlándome la tensión de forma continua y dándome un sabio consejo:"llama a tu mujer ahora que estás consciente; oír tu voz hará que no se alarme tanto".
Del chófer de la ambulancia que me llevó a Hellín intentando sacudirme lo mínimo en las interminables curvas de la carretera y del que después me trasladó a Yecla. De quien no puedo estar agradecido es de los que siembrans los "guardias tumbados", badenes, reductores de velocidad y demás obstáculos las calles y carreteras del trayecto. Tampoco de quien recortó el presupuesto para el mantenimiento de las carreteras que atravesamos. El traqueteo en algunos tramos se sentía como puñaladas
De todo el personal del Hospital de Hellín, a pesar de que me cortaron el traje de liebre para quitármelo y quedó inservible; aunque, todo hay que decirlo, me pusieron un camisón que fue la envidia del los demás pacientes cuando me trasladaron a Yecla.
De mi mujer, Mónica, a la que dí un susto de muerte y robé un verano y unas vacaciones en los que no se despegó un momento de mi lado.
De todo el personal del hospital de Yecla. Me enorgullezco de la sanidad pública de este país nuestro. Gente que se vuelca y que se implica con cualquier desconocido para resolver sus problemas y mejorar, cuando no salvarle, la vida. Incluso cuando ese desconocido ignora las mínimas normas de educación. Gracias a todos. Al dr Manrique que recompuso el puzzle con los trozos de mi fémur. Al dr Soria que me evitó el dolor. Al dr. Ibáñez, que me convence que que todo volverá a ser como antes. Al personal de planta y de quirófano, de quienes ya solo recuerdo su amabilidad infinita. Con quienes más tiempo pasé, y de los que más me acordaré, fue con la gente del servicio de rehabilitación. Será difícil olvidar las sesiones de camilla con Gregorio Martínez Santa, empeñado en doblarme la pierna hasta que el  talón llegase al culo. Lo consiguió a costa de más de un grito y no poco dolor; y todavía puedo dar gracias, porque de haber sido madridista, y no atlético, la cosa hubiese sido mucho peor.
De mi familia, siempre, incluso hoy, preocupada por mí, y por mi mala cabeza.
De toda la gente de mi Club BTT Las Liebres Yecla y su junta directiva, que se volcó conmigo acompañándome y animándome en los peores momentos.
De Juan David y de Alberto, sin cuya ayuda no hubiese podido mantener  la actividad del despacho sin salir de casa.
Todos los que he nombrado y otros muchos que olvido mencionar, amigos, parientes, conocidos, vecinos y colegas, de quienes nunca me han faltado los ánimos, sois en una u otra medida los "culpables" de que el pasado sábado me encontrase con el ánimo (no sé si con las fuerzas) para afrontar la V Vuelta al Término de Yecla en BTT.

Tras dos meses en cama y otros dos sin salir de casa, salvo para ir al hospital, me pido el alta en septiembre y vuelvo a trabajar, a condición de hacerlo sentado. Y en cuanto me dan permiso, me tiro al monte con el cesto (los níscalos están ahí mismo esperando) y en octubre abandono el rodillo (qué aburrimiento, por dios) y vuelvo a subir en mi bici. La Casa Almendros y vuelta por los Derramadores fue la ruta del reestreno. No era consciente del estado de los caminos tras las lluvias del final del verano y el otoño. Los níscalos habían salido por un motivo: las lluvias y tormentas del final del verano y el otoño. Las sensaciones no son buenas. La bici la noto nerviosa e inestable. Y todavía hoy, tomado las curvas, incluso las amplias y limpias,  no sé por dónde negociarlas. Patro y Marcos: necesito una máster class ya.

Me planteé dos retos. Hacer la Vuelta al Término era el primero. El tiempo ha pasado y mes a mes, radiografía tras radiografía, con avances y retrocesos, puedo decir que lo único que me duelen son las agujetas el día (o dos) después de una ruta. Un signo de normalidad. Hace siete u ocho semanas tuve claro que lo único que me podía impedir terminar la Vuelta al Término eran mis miedos y mi cabeza. Me tomé el asunto más en serio, sin faltar a ninguna cita del calendario de Las Liebres ,y me convencí de que podía. Y pude.

La Vuelta al Término es una ruta especial. Lo que empezó siendo una idea alocada se hizo realidad y hoy es la fiesta del BTT en Yecla. No es una ruta que el aficionado pueda emprender en cualquier momento. La ausencia de agua en la práctica totalidad del recorrido la hace poco menos que inviable sin ayuda externa. De ahí que este día se ha consolidado como la ocasión que muchos esperamos durante todo el año para ponernos a prueba frente a nosotros mismos y rendir nuestro pequeño homenaje circular a esta tierra que, nos guste más o menos, es la nuestra. Aunque siempre habrá quien piense que, poco menos, la estamos violando cuando recorremos todos y cada uno de los parajes que, como ensartados en un collar, componen el recorrido. Allá cada cual con su ignorancia, su rencor y su intransigencia.

La primera joya que nos encontraremos, apenas asomando el Sol, es la Hoya de la Mansorrilla y la Sierra del Cuchillo. Todavía muy frescos y con fuerzas, vamos a disfrutar un delicioso paseo entre pinos que une la Rambla de Rovira y la senda que nos llevará, con muy poco esfuerzo, al otro lado de la Sierra del Cuchillo.

Cruzando los llanos esteparios del corredor de Caudete, y remontando nuevas pendientes enlazaremos los Rincones de la Fuente del Pinar con Tobarrillas. Allí tendremos la ocasión de sorprendernos otra vez en caminos, recónditos y alejados, de los que nos acordamos una vez al año y nada más, bordeando también nuestros límites físicos en alguna de las subidas, en especial la que termina con las preciosas vistas, con el Arabí al fondo, desde los molinos de Tobarrillas.

Si sobrevivimos a la bajada, llegaremos al almuerzo bajo las carrascas de Paco Sánchez Ortuño, ahora Paco el Mayordomo. Lugar donde reponer el estómago y cargar agua, toda la que se pueda, para poder llegar a las Casas de Palao. Desde aquí bordearemos el Monte Arabí, majestuoso y eterno, y que ha sido capaz de sobrevivir al paso de los milenios, aunque no sabemos si podrá soportar en circo mediático que unos y otros pretenden montar a su alrededor, desde Juan XXIII, Plaza Mayor o Calle Hospital. Y abandonaremos el paraje, casi de incógnito, por la Rambla del Morteruelo para volver a cruzar los lugares más alejados, olvidados y mejor conservados del término. Paisajes rurales que conservan la esencia del mundo rural de antaño.

Camino de Las Gateras, y a la altura de la Casa Serrano, conviene fijarse e ir muy atento a quien nos salga al encuentro. Así lo hizo el amigo Pepe Román y le valió recuperar su bici de manos del ladrón que el día de antes se la había robado. Como sentarse en el pajar y clavarse la aguja. Digno de un guión cinematográfico. Y más todavía la ingeniosa maniobra para solucionar el problema de verse el grupo con más bicis que ciclistas: desmontar la que sobraba y llevarse cada uno una parte.

Entre Las Gateras y  Los Gavilanes están Las Espernalas. Una estepa medio jumillana en la que te empiezas a plantear si realmente ese es el lugar y la situación en el que más te apetecería estar. Las fuerzas empiezan a no sobrar y el terreno no se deja atravesar sin un inexplicable desgaste de las fuerzas que todos nos estábamos reservando para subir a Los Gavilanes por lo que fue un frondoso camino entre pinos, coscojas, encinas y enebros, de los que hoy solo quedan los pinos descamochados.

Nadie dijo que la ruta iba a ser un paseo. En sus inicios, el objetivo fue recorrer la inexistente "raya del término" separándose de ella lo imprescindible. Esto supone enfrentarse a la senda del Cerro de los Condenados, o Picarios I, justo cuando el sol empieza a calentar de verdad. Otro tramo que te desgasta sin remedio y te obliga a derrochar lo que después nos faltará.

Tras cruzar la carretera de Jumilla se rinde homenaje a la marcha Komo Kabras, de la que se toma prestada una parte, que para unos, los más fuertes, es motivo de diversión y a nosotros, los menos fuertes, sen nos puede llegar a atragantar. Sobre todo si sabes que te espera la agónica subida por senda, otra más, que nos saca de la Umbría de la Pava y nos encaminará hacia los únicos árboles de gran porte que se divisan entre la Solana del Buey y las Lomas de Las Gamellejas: las Casas de Palao o el oasis de Chiscarra, como también se le conoce.
Si buscamos un punto de inflexión en el recorrido de la Vuelta al Término, lo encontramos en la entrada al Carche y la Pista de Pisana. Otro año más, la climatología ha sido protagonista. La temperatura alta y el viento a favor resultan una sensación sofocante. Así que hubo que recurrir al aljibe de la Casa de los Carriones para refrigerar los cuerpos abrasados. Me consta que los de mi grupo no fuimos los únicos. Cuando no ha sido el calor, ha sido la lluvia. Lo cierto es que el tramo Carche-Pisana no deja a nadie indiferente. Pero alcanzado este punto, no queda más remedio que llegar a Raspay.
Este año el pedáneo ya no es Miguel, el suegro de mi primo. Pero el nuevo representante del poder municipal, Marcos, nos sigue tratando con total amabilidad y nos facilita el acceso al local social para comer como personas antes de acometer el empujón final.

La interminable Sierra de Salinas se atraganta después de comer. La sangre no llega a las piernas mientras se digiere la pasta y cada repecho deja mella. Con el tiempo transcurrido y la lluvia reaparecen las fuerzas que me permitirán continuar.
Volver entrar en la Vía Verde es el epílogo de un día muy especial. Llegar a la Estación de Autobuses y que te reciban tus compañeros con un aplauso compensa con creces todo el cansancio, el calor, el dolor, y a ratos la desesperación que llegan a caber en más de doce horas encima de la bicicleta. Es éste, sin duda, el momento más especial del día. El momento que condensa el espíritu y la esencia de la Vuelta al Término de Yecla en BTT; el afán de superación personal, el disfrute respetuoso del entorno, el compañerismo y la solidaridad. La sobredosis de endorfinas que nos inunda el cuerpo al lograr este gran reto engancha y se la recomiendo a todo el mundo. A la próxima edición, no debes faltar.
El resultado de esta  Quinta Vuelta no ha podido ser más satisfactorio. La participación se ha desbordado. La ausencia de parte de la élite ciclista local (eso sí, muy bien representada por el trío de cabeza) se ha suplido con la masiva y entusiasta presencia de todos los grupos y peñas de la localidad, y algún que otro participante foráneo. No llevamos una estadística de quien acaba y quien no. No es esa la finalidad de La Vuelta. Pero contando las raciones que han sobrado, hemos podido comprobar que más de un 80% de los participantes han llegado a Raspay. Teniendo en cuenta el gran número de debutantes que hubo, es un resultado extraordinario.
En nombre de este Gran Club, enhorabuena a todos y cada uno de los participantes. Solo intentarlo es un gran mérito. Acabar... juzgarlo por vosotros. En nombre de todos los participante mil gracias a todos los colaboradores y colaboradoras, Paco y  Pepe, "Mayordomos de las Carrasacas", Mayte y Paco,  Mónica, Miguel y Paco Cervera. Nuestro más sincero agradecimiento. Sin vuestra ayuda desinteresada esta fiesta del la bici de montaña en Yecla no existiría. Y en nombre propio y en el de los que hemos colaborado en la organización, pido disculpas por los fallos, que los ha habido. Éstos, no se volverán a repetir, pero otros habrá, porque la quinta no será va a ser la última.

Gracias a todos quienes habéis facilitado vuestras fotografías para ilustrar esta entrada.



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¿Hartos de bici?

Pues va a ser que no. Y mucho menos con las noches tan agradables que hacen en este tiempo. Loma de los Caballos y el Boticario. Con foto en el campo de Conchi Lucas.

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miércoles, 1 de junio de 2016

Oscura noche, que no negra.

Aunque sin luna, no puede calificarse de negra una noche como la de hoy. La Traviesa de Caudete es un clásico para las vísperas de los grandes acontecimientos. La subida a la Mansorrilla para calentar antes del largo y derecho camino que sabemos que se dirige al Arabí, pero que hoy se sumía en la profunda oscuridad del campo, lejos de las luces de la ciudad, y solo rota por las linternas en los manillares. El cielo singular, un tiempo apacible y buenas sensaciones, con la mejor compañía, para el último entrenamiento antes de la gran cita del sábado. Suerte, fuerza y cabeza para todos los participantes.

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