domingo, 30 de septiembre de 2012

¿Barro? No, lo siguiente


El sábado por la mañana, el grupo que antes comentaba Francis, continuamos nuestra ruta con la intención de ascender al Caporucho, bajar por su magnífica senda y hacer la vuelta por un sitio “nuevo”: el cortafuegos. Así que allá íbamos un grupo de unas 14 liebres camino de Olula y del resto de aventuras que nos quedaban por llegar.

Todo empezó a cambiar cuando llegamos a los cruces de la autovía y vía del AVE. Sospechábamos que aquella zona podría estar algo embarrada, ya que son pasos subterráneos escavados por debajo del nivel del suelo, que al estar a un nivel inferior tienden a acumular agua y tierras arrastradas. Aquello tenía pinta de divertido, de hecho lo era y mucho. Empezamos a hacer equilibrios sobre el barro con mejor o peor suerte, así que con nuestra ilusión por aquellos túneles seguíamos dirección al Caporucho. Justo al salir del túnel bajo la vía del AVE, 6 liebres entre las que yo me encontraba, nos equivocamos al seguir el track y nos metimos por donde más barro había, convencidos de que estábamos siguiendo el camino correcto y que el resto estaba siguiéndonos. Cuando nos dimos cuenta de nuestro error estábamos totalmente enfangados, intentamos sin suerte seguir adelante, cuanto más avanzábamos era peor. En algunos tramos la rueda delantera se hundía unos 15 o 20 centimetros en el fango, lo que hacía imposible seguir.  Así que decidimos volver sobre nuestros pasos (camino totalmente embarrado otra vez). 

Cuando casi todo el grupo habíamos completado la rectificación del error y habíamos puesto nuestras monturas embarradas al máximo, Juan Ramón sufre una de las peores averías, rotura del cambio, con lo que tiene que llamar a su mujer para que le transporte en coche al pueblo. Avisado el resto del grupo del problema mecánico, y tras el considerable retraso que habíamos acumulado, decidimos abortar la ruta propuesta y ayudar en lo posible a Chir-liebre. Buscándole volvemos a embarrarnos como niños, "que si por este lado", "que si por el charco se puede", cada uno hacía sus peripecias intentando no poner el pie en el suelo, algo que se hacía a veces casi imposible. Ante la magnífica escena no dudamos en fotografiarnos.





Fotos cortesía de Gustavo

Nos dirigimos entonces hacia La Encina. Por el camino unos enormes charcos casi inevitables nos ayudan a quitar el barro acumulado en nuestras bicis y a empapar nuestras sucias botas y ropas. Encontramos a Chirlaque un poco más delante. Con él llegamos hasta la estación de servicio junto a la autovía y aprovechamos para tomar un bocado.

Tras el almuerzo, dejamos a Juan Ramón limpiando su bici y esperando que le recogieran.  El resto volvimos hacia Yecla vía Caudete evitando charcos y barrizales diversos, los que se podían. Por el camino concurso de ruidos de cadena y chirríos varios, quien más quien menos le saltaba algún piñón o no podía engranar alguno de los platos. La vuelta la realizamos por casa del Ninflo, cantera de los montes de Rovira, casa del Roscao y camino viejo de caudete. Ya en Yecla el flash-car nos ayuda a reconocer nuestras bicis y a llegar a casa en condiciones para que nos dejasen entrar.

En definitiva, 65 kilometros en los que, si bien no se cumplieron los objetivos deportivos de la preparación para Riopar y, lamentando la avería de nuestro compañero, si que se puede decir que disfrutamos como autenticos niños.

3 comentarios :

Anónimo dijo...

Que se lo pregunten a Martín, que disfruto como un chiquillo pasando los charcos a toda pastilla. Jajaj


Liebre Gustavo.

Chir-liebre dijo...

Limpiar la bici con agua a presión: 2 euros.
Gasolina para ir y volver a Caudete: 7 euros.
Cambio Shimano XT-10V: 70 euros.
Disfrutar en el barro con las liebres, no tiene precio.

Anónimo dijo...

Muy bueno. Jajaj