
El dios de la lluvia no pudo negarse a las súplicas que le elevaron los Liebres con sus cantos de karaoke en nuestra última cena y nos ha premiado con un invierno lluvioso. Aprovechando el primer día soleado de esta primavera, nos hemos regalado una rotunda ruta en busca de las veredas más pedregosas y las sendas más abruptas.
Hasta el Calderoncillo, la cosa...