Lejos quedan, cada vez más, aquellas salidas multitudinarias de feria con final "en alto" y meta en la churrería llenando una larga fila de mesas. Pero, al menos por este año, la tradición se mantiene.
Lejos quedan, cada vez más, aquellas salidas multitudinarias de feria con final "en alto" y meta en la churrería llenando una larga fila de mesas. Pero, al menos por este año, la tradición se mantiene.
Diez meses después, Paco, nuestro presi, ha vuelto a compartir ruta con el grupo.
Nos ha tocado un recorrido interesante y a la vez exigente. Variado y a ratos sorprendente. El destino: la sierra de la Pedrera, en Jumilla. Un interesante rincón lleno de historia, dominado por las antiguas canteras que surtieron de sillares las construcciones más notables de la comarca y el antiguo camino de Ontur en que los carros cargados marcaron sus llantas en la roca para siempre.
Para llegar, el camino o la pista en buen estado se abandona y retoma una y otra vez buscando sendas, veredas, viejas trochas por las que se sacaba el esparto y los restos de los caminos sepultados bajo las pistas que dan acceso a los aerogeneradores de las lomas de La Tella.
Tras cruzar la carretera Jumilla-Ontur recorremos un bonito paraje, umbría de la Sierra, dominada por un denso pinar bajo el que se extiende un mar de esparto. El camino termina por remontar las últimas cuestas dando paso a la senda que recorre el paraje y continúa por las profundas roderas del histórico camino.
La vuelta, por el camino más corto, que el tiempo se acaba. Un largo pisteo, en mantenido ascenso, culmina en Los Gavilanes y baja a la Hoya Torres antes de alcanzar el collado de Los Picarios, desde donde solo queda bajar a buscar el sitio donde recuperar tanto líquido perdido en los más de 70 kilómetros que en esta extraordinaria mañana hemos dejado atrás.
Esta noche ha empezado con un inesperado viento de cara, molesto al principio, y que según nos hemos adentrado en la Hoya de la Mansorrilla, se ha dado por vencido sin poder penetrar por sus retorcidos rincones. Al final, una noche estupenda, otra más, que nadie nos tendrá que contar. Al menos a los cuatro de la foto, imagen que David conservará como recuerdo de su primera nocturna oficial acompañando al Núcleo Duro.
Ningún término mejor para definir al grupo que esta mañana se ha apuntado a la primera ruta de la temporada de otoño de este nuestro gran Club. Las ansiadas y necesarias lluvias de esta semana auguraban una mañana excepcional para este negocio nuestro de las bicis de montaña. Así que la elección de la ruta no era difícil: una de sendas, por favor. Tras renunciar prudentemente a la rambla del Pulpillo, a la vista de la lluvia de anoche (nos gusta el barro, pero no tanto), nos acercamos al Arabí por la Buitrera, que esta mañana, con un aire especialmente limpio, estaba fotogénico como pocas veces. Puede ser que nunca volvamos a tener la oportunidad de respirar profundamente en estos parajes sin que se nos llene la boca de moscas y nos suban arcadas por el mal olor.
Subiendo las escaleras por las pinturas se toma la senda de siempre, que está totalmente renovada y lleva hasta la misma Casa del Guarda (que por lo visto libra los sábados), donde hemos matado el apetito ese tan voraz que nos despiertan el aire puro y el olor del monte.
Una breve pero intensa subida hacia el Cuerno, que abandonamos en el primer portillo para bajar el Barranco de los Muertos por su senda, ha merecido el premio del entretenido descenso. El enlace natural de la ruta por la Rambla del Morteruelo no ha hecho sino prolongar el disfrute.
Seguimos un trecho de la Vuelta al Término desde la Hoya Muñoz hasta el Pozancón. Y yo aquí ya me he despedido de los compañeros, que han seguido a los Gavilanes por la Senda de la Beata. Para la segunda salida después de la operación, ya he tenido disfrute de sobra.
Espero que todos terminéis ya de padecer las vacaciones y volváis a disfrutar con las sufridas rutas de Los Liebres, como las que, no hace falta decirlo, no encontraréis nada igual.
Más morenos, descansados, más gordos, pero con las ganas de siempre, los cuatro pilares del Núcleo Duro Nocturno hemos vuelto a rodar en el barro de los caminos oyendo como nos cantan los sapos al pasar. He aquí la prueba de nuestra etapa, la primera de la temporada que acaba de empezar.
Celebrar es probablemente la segunda actividad favorita de los Liebres. Cualquier excusa vale. Lo que cuenta es encontrar el sitio y el momento. En esta ocasión el amigo Manolo nos brinda, como ya ha hecho tradición, la sombra de sus moreras y la frescura de las cervezas de su frigorífico. La sombra vino bien, que con esta ola de calor que padecemos, da calor hasta la luna. Y el refrigerio sentó de muerte a todos : a quienes llegaron en bici, a quienes estaban en la casa, y a los que subimos en coche. Con mención especial para los tomates del huerto de Manolo, que no sé de dónde saca el tiempo para cuidarlo.
Muchas gracias y por muchos años. Las buenas costumbres son las únicas que no se deben perder.
Antaño, no era raro que algún conejo sucumbiese bajo las ruedas del nutrido pelotón de Liebres bajando en tropel por el camino de la Hoya Hermosa. Esta noche hemos sido nosotros, el irreductible núcleo duro nocturno, quienes hemos pasado nuestros apuros a la altura del Pupilo, donde casi nos arrolla una horda de conejos, muchos con aspecto de mercenarios, pues, siendo el día más largo del año, las últimas luces nos permitían prescindir de las linternas todavía, y se les veía salir de todos los rincones, cual madridistas celebrando la champions. A saber : igual había tantos conejos como siempre, pero se les veía como nunca. Lo que si es seguro es que Liebres eramos nada más que tres.
Definitivamente ha llegado el verano y con él las noches especiales para disfrutar de la bici. Como esta en la que acabamos de recorrer el camino hasta los Cerrillares bajo las estrellas, con una suave temperatura, y un viento en calma que invitan a devorar los kilómetros sin prisa, pero sin pausa.
Así de relajados se nos ve. Sentados en el poyo, a la sombra (lunar) de las moreras, a la espera de los grandes acontecimientos que nos esperan en los próximos días. Es lo que tiene la bici : que al poco rato de ir pedaleando se te pasa el estrés y las preocupaciones. Vale que un psicólogo sale más barato, pero no se puede comparar...
Siendo el Chotacabras , también conocido como "engañapastores", una terrera ave antaño muy escasa, parece que su población ha crecido tanto como el pelotón nocturno de Las Liebres ha mermado. Siendo así que esta noche ha sido más abundante por los caminos de La Toconera, la acequia del Rey y la Vía Verde el Chotacabras, cuatro nos han levantado el vuelo delante mismo de la rueda, que Las Liebres, de las que solo los tres de la foto nos hemos aventurado en esta apacible noche de luna. A este paso, pronto cosecharemos la simpatía de Anida como especie en vías de extinción que somos.